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Mi enfoque terapéutico

Mi forma de acompañar integra principalmente la Terapia Gestalt, el trabajo con el niño interior y una mirada sistémica. Estas perspectivas se complementan para comprender no solo lo que te ocurre hoy, sino también cómo tu historia, tus vínculos y las formas que has desarrollado para protegerte siguen apareciendo en el presente.

Terapia Gestalt integrativa

La Terapia Gestalt es un enfoque humanista y experiencial que busca ampliar la conciencia sobre nuestra manera de sentir, pensar, actuar y relacionarnos. Pone especial atención en lo que ocurre en el presente —el “aquí y ahora”—, entendiendo que muchas de nuestras experiencias pasadas continúan manifestándose en la forma en que vivimos, sentimos y respondemos actualmente.
El proceso terapéutico no consiste solamente en hablar sobre lo que nos pasa, sino también en poder observar y experimentar lo que va apareciendo durante la sesión. A través de diferentes ejercicios y propuestas terapéuticas podemos prestar atención a las emociones, al cuerpo, a nuestros pensamientos y a la manera en que reaccionamos frente a determinadas situaciones. Esto permite que algunas cosas que entendemos racionalmente también puedan ser reconocidas y trabajadas desde la propia experiencia.
Desde esta perspectiva buscamos reconocer modos de funcionamiento que muchas veces se han vuelto automáticos, comprender qué función tuvieron en nuestra historia y ampliar nuestras posibilidades de respuesta. La Gestalt pone especial énfasis en el desarrollo de la conciencia, la responsabilidad personal y la capacidad de reconocer nuestras propias necesidades y recursos.
El objetivo no es decirte cómo deberías vivir ni ofrecer respuestas prefabricadas, sino acompañarte a comprenderte con mayor profundidad y favorecer formas más conscientes, creativas y auténticas de estar con vos mismo, con los demás y con tu entorno.

Niño interior (heridas de infancia)

Hablar del niño interior es acercarnos a las experiencias emocionales de nuestra infancia —y también de nuestra adolescencia— que dejaron huella en la manera en que aprendimos a sentirnos, vincularnos y protegernos.

Cuando algunas necesidades importantes de cuidado, seguridad, reconocimiento, afecto o validación no pudieron ser suficientemente atendidas, desarrollamos formas de adaptarnos a aquello que nos tocó vivir. Muchas de esas respuestas fueron necesarias y nos ayudaron a atravesar situaciones difíciles. Sin embargo, algunas pueden seguir funcionando en la vida adulta aun cuando ya no las necesitamos de la misma manera.

Esto puede aparecer hoy como miedo al rechazo o al abandono, dificultad para poner límites, necesidad de aprobación, autoexigencia, inseguridad, dificultad para confiar, vínculos que se repiten o una sensación persistente de no ser suficiente.

Trabajar con las heridas de infancia no significa quedarse atrapado en el pasado ni buscar culpables. Implica comprender cómo nuestra historia sigue presente en determinadas emociones y formas de relacionarnos, reconocer aquello que necesitábamos y comenzar a construir una relación diferente con nosotros mismos desde los recursos que tenemos como adultos.

En terapia buscamos generar ese encuentro entre la experiencia del niño que fuimos y el adulto que somos hoy: poder reconocer y validar lo vivido, comprender las formas que desarrollamos para protegernos y encontrar nuevas maneras de cuidarnos, poner límites, vincularnos y responder a nuestras necesidades.

Pero nuestra historia infantil no está compuesta solamente por heridas. También existe una dimensión vinculada con la espontaneidad, la creatividad, la curiosidad, la capacidad de disfrutar y de expresarnos auténticamente. Recuperar ese aspecto de nosotros mismos también forma parte del proceso.

Trabajar el niño interior puede ayudarnos a comprender por qué ciertas situaciones nos afectan tan profundamente, reconocer patrones que repetimos, desarrollar mayor autoapoyo y construir vínculos más conscientes, libres y acordes a quienes somos hoy.

Mirada sistémica

La mirada sistémica nos invita a comprender que nuestra historia no se construye de manera aislada. Formamos parte de familias, parejas, grupos y contextos que influyen en nuestra manera de vincularnos, asumir determinados roles y responder frente a los demás.
Desde esta perspectiva exploramos patrones relacionales que pueden repetirse a lo largo del tiempo y el lugar que hemos aprendido a ocupar dentro de nuestros vínculos. Comprender estas dinámicas permite darles un nuevo sentido y comenzar a construir formas de relacionarnos más conscientes, flexibles y acordes con lo que necesitamos actualmente.

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